Dieta cetogénica para bajar de peso: la ciencia te explica por qué funciona

Dieta cetogénica para bajar de peso: la ciencia te explica por qué funciona

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En la búsqueda por perder peso podemos optar por todo tipo de métodos, dietas, hábitos... La dieta cetogénica, tal y como han comprobado numerosos estudios, es capaz de hacernos perder peso. Los mecanismos metabólicos existentes tras ella explican el porqué.

Pero no es oro todo lo que reluce. Como todas las herramientas, usarla de manera inapropiada, o en momentos inadecuados, puede tener sus consecuencias. Hoy hablamos de por qué este patrón nutricional funciona para perder peso y por qué, en realidad, no deberíamos usarlo para ese fin excepto en momentos concretos.

¿Qué son los cuerpos cetónicos?

El nombre de dieta cetogénica quiere decir, en realidad, que crea cuerpos cetónicos. Los cuerpos cetónicos son un producto metabólico que se genera cuando el cuerpo no tiene hidratos de carbono disponibles para quemar de manera rápida. Por tanto, esta dieta rechaza al máximo los hidratos de carbono, utilizando como fuente de energía las grasas y aumentando la cantidad de proteína. Hagamos un repaso rápido de lo que ocurre en nuestro cuerpo cuando necesitamos energía.

Imaginemos el músculo como una potente maquinaria que necesita combustible. El combustible más rápido e inmediato es la concentración de glucosa en sangre. Si nuestra glucemia es muy baja y aumenta el gasto energético, el músculo se queda pronto sin sustento. Entonces aprovechará otra reserva de hidratos de carbono almacenados: el glucógeno. Si el cuerpo se queda también sin esta reserva, entonces, se volverá a otra ruta metabólica: la cetosis.

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La cetosis se produce principalmente en el hígado, donde la grasa se transformará, tras un pequeño recorrido, en cuerpos cetónicos. Normalmente, la grasa se emplea para producir energía mediante el ciclo de Krebs. Sin embargo, en situaciones desesperadas, algunos componentes de los ácidos grasos van a un metabolismo más rápido pero menos eficiente.

En él se forman moléculas "especiales" (como el acetoacetil coenzima A) que termina dando acetona, ácido acetoacético o ácido betahidroxibutírico. O, en otras palabras, cuerpos cetónicos. Los cuerpos cetónicos se usan con la inmediatez de la glucosa, para obtener energía, a costa de las grasas, lo que nos ayudará a explicar algunas de las evidencias de las que hablaremos.

¿Por qué funciona la dieta cetogénica?

Las dietas cetogénicas han demostrado en varios estudios ser eficientes a la hora de perder peso. Esto se basa en tres hechos. El primero, del que hablábamos antes, es que esta dieta aprovecha las grasas de manera rápida, usando una vía más ineficiente. Ineficiente, en este caso, nos conviene porque indica que necesitamos más grasa para la producción de menos energía.

El segundo es que impide la ingesta hipercalórica y la acumulación de grasas debido al exceso de hidratos de carbono. Las dietas normales contienen una gran cantidad de glúcidos (una gran cantidad no implica demasiados, todo depende de la dieta). Con una dieta cetogénica es imposible acumular un exceso de glucosa en sangre y, por tanto, de grasa procedente de un excedente de energía.

El tercero, según apuntan algunos estudios, es que la dieta cetogénica ayuda a mantener los niveles de saciedad, ayudando a controlar mejor la ingesta en los pacientes que la practican. Siguiendo este trío de efectos, estudios han comprobado que puede ser útil para reducir la obesidad. Otros, producidos por los mismos investigadores, del laboratorio de Fisiología, en la Universidad de Padua, han abordado la cuestión desde diferentes ángulos.

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En general, la respuesta es positiva, especialmente con pacientes obesos. Otros estudios, como el metaanálisis llevado a cabo por el Instituto de Epidemiología Clínica de Basilea, indica que las dietas cetogénicas tienen, como mínimo, un efecto similar en la pérdida de peso que una dieta baja en grasas. Esto también ha sido confirmado por otro metaanálisis realizado por el laboratorio de nutrición experimental de la Universidad Federal de Alagoas, en Brasil.

Además, las revisiones sistemáticas también apoyan la supresión del apetito, como el metaanálisis del Instituto Boden de obesidad, nutrición, ejercicio y trastornos de la alimentación, de la Universidad de Sydney. Recordemos que los metaanálisis son los estudios que mejor sustentan las evidencias ya que recopilan decenas o centenas de trabajos y analizan su metodología y sus conclusiones.

La dieta cetogénica no vale en todos los casos

Por lo que hemos visto, la dieta cetogénica se basa en tres aspectos para ser efectiva. Las evidencias, además, arrojan resultados positivos. Entonces, ¿por qué no usarla para cualquier circunstancia? La cetosis, como ya hemos dicho, es un estado excepcional, de emergencia. No es una situación fisiológica que debamos tomarnos a la ligera.

La cetosis ocurre porque nuestro corazón y nuestro cerebro necesitan aportes constantes de glucosa. Si esta no está disponible, no se puede detener el suministro, como ocurriría con un músculo (que puede permitirse el lujo de fallar). Estos dos órganos recurren a los cuerpos cetogénicos como medida "desesperada". Si, por la razón que sea, este aporte falla, tenemos un problema grave.

Por otro lado, precisamente para evitar que esto ocurra, la cetosis puede producirse de manera exacerbada. Esto puede desembocar en una cetoacidosis. Este fenómeno ocurre porque los cuerpos cetónicos son ácidos y bajan el pH de la sangre, es decir la vuelven ácida, hasta niveles peligrosos. Además, afectan a varios órganos a su procesamiento metabólico normal.

En los casos comunes, la cetoacidosis tiene síntomas peligrosos pero no graves: mareos, malestar, mal aliento, fallos musculares, ganas de orinar frecuentes y sed durante todo un día o más, dolor de cabeza, náuseas y ganas de vomitar, mareos, aliento dulzón y dolor de estómago... En los casos más severos, como ocurre con la cetoacidosis producida por la diabetes, o en la ceotacidosis alcohólica (que ocurre como consecuencia del síndrome de abstinencia alcohólica y una falta de ingesta), que pueden llegar al edema cerebral (acumulación de líquido en el cerebro), la insuficiencia renal o problemas cardíacos.

¿Cuándo y cómo debemos usarla?

La dieta cetogénica debe emplearse como una herramienta para ciertas circunstancias. Hay que dejar claro que el planteamiento excluyente de este tipo de dietas no cuadra con la idea de hábitos saludables. Una dieta equilibrada y saludable incluye legumbres, cerales, frutas... una serie de alimentos que pueden ser ricos en hidratos de carbono. Las dietas de patrón cetogénico, sin embargo, esquivan estos macronutrientes para inducir a la cetosis.

Esto puede ser útil para el control del peso, como decíamos, en pacientes con obesidad. También pueden ayudarnos, si las planeamos con un especialista, de manera que evitemos los problemas que comentábamos. Otra utilidad de la dieta cetogénica es usarla en la última etapa de definición del músculo.

En este caso es conveniente combinarla con una dieta hiperprotéica para evitar la pérdida de masa muscular y potenciar al máximo su crecimiento. Por último, mantener un estado de cetosis permanente no es muy aconsejable, a pesar de que bien llevado no tiene por qué suponer un problema. Pero siempre con un control estricto.

En caso de sufrir diabetes u otro problema metabólico, la dieta cetogénica queda automáticamente descartada. Insistimos, es un tipo de herramienta para ciertas situaciones, algo a lo que recurrir solo con la supervisión de un experto y no una mera "dieta milagro" para perder peso.

Imágenes | Unsplash, Wikimedia

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